Creemos en la realidad que entendemos, que es pertinente, adecuada, plausible, palpable y transitable, pero a veces la percepción autentica de ella, no es la real realidad, no son los colores que apreciamos de las cosas, no son los aromas ni las sensaciones que nos llegan las que necesariamente causan nuestras reacciones, son otras las intenciones y motivos por los cuales en realidad insistimos en recorrer los caminos que a diario intentamos construir, en verdad somos seres, entidades complejas e indescifrables, no hay lógica que resista un análisis o interpretación cierta de nuestro comportamiento y menos de nuestros pensamientos ; he ahí la individualidad de cada uno como mundo que somos; la incesante persistencia de ser quienes somos, cómo somos, para que somos y donde actuamos frente a quien y frente a quienes. Frente a nosotros mismos somos aparente más sinceros, pero aun así inconcluimos el esquema que nos logra definir como entes pensantes, actuantes y críticos.
Ocurrimos en el mundo y la vida intentando lograr alcanzar nuestras metas, describir y vivenciar nuestros objetivos, pero en algunas circunstancias cuando nos enfrentamos a la resistencia exterior e interior al cambio para alcanzarlos, surgen de nuestros fueros internos y recónditos reacciones nuevas, que nos sorprenden y maravillan, pues nos damos cuenta que sí somos capaces, pero que no lo habíamos intentado antes por quien sabe cuantas motivos o razones, los cuales nos mantenían en una sola vía que se confundía con el horizonte y no nos dejaba ver ese hilo tenue pero diferenciable de la vida llena de luz, de caminos, oportunidades, progresos, evolución, y la vida que nos opaca o nos acerca a lo contrario
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