He aprendido a encontrar en el silencio un aliado para el espíritu, un recurso para fortalecer el ser, he aprendido a amar el espacio sin sonido, es una dimensión intangible pero vivible. En el silencio hay bálsamos para untarle al corazón, refrescar la mente, encontrar en el alma los colores para alimentar los sentimientos; descubrir en el umbral de esa esencia ausente de sonidos una puerta que me acerca a Dios.
En el silencio las ideas descansan en una pradera suave, idílica, mirando el cielo para convertirse en pensamientos de acción constructiva. En esa dimensión las palabras se convierten en hechos, cada frase es una explosión de maravillas
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