En la tierra, Dios sentenció desde hace eones, que entre nosotros convivieran, compartieran, asistieran y enseñaran los ángeles de la vida, ellos se manifiestan de muchas maneras diferentes, a través de todos los detalles desplegados en las rutas de la vida del ser humano. Esos seres sutiles nos hacen recordar muchas cosas de la existencia, nos dan pistas para aprender, descubrir, construir, hacer, vivir, convivir, existir, en fin, para transitar por estos mundos; nos muestran caminos inimaginados los cuales podemos lograr descubrir y transitar.
Los Ángeles nos acompañan de una manera imperceptible, sutil, pero definitivamente enérgica, grandiosa, magnánima y especial. Al andar propiciamos el encuentro con esos Ángeles de la vida, su presencia nos protege, se conectan a través de nuestra conciencia, vigilan nuestro entorno e intentan combatir lo negativo que pueda llegar a afectarnos, pero nuestro albedrío.
Un ángel es una manifestación divina una extensión de la energía de Dios, un guía perfecto que escuchamos en nuestro interior cuando logramos estar en paz, en silencio, en amor, en equilibrio con nosotros mismos, con el prójimo, con nuestra conciencia, con el mundo y con Dios.
Hay Ángeles en las tragedias, en las adversidades, en los festejos, en los gozos, en el amor
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