Detrás del agónico silencio se van despertando los sonidos del alba; poco a poco los síntomas del paciente "silencio" se van agravando dando paso a un sin fin de melodías del cotidiano andar; un grillo tardío, un gallo desperezado, un ladrido opaco y necesario, pasos apresurados que inician la jornada, el grito agónico de las sombras desapareciendo frente al energético rayo de luz, una puerta que se abre, un murmullo indescifrable de gente despierta y andando en la calle; el día es mas hablador y ruidoso que las noches de reconciliación. Así, poco a poco se van llenando de sonidos los espacios y el aire, el eco se confunde y repite lo que sabe orquestando una sinfonía de energía despertando a la vida. El silencio ya no existe, se escondió detrás de las sombras esperando su oportunidad; sabe que siempre hay una posibilidad. Mientras, con el transcurrir de las horas va en crechendo la orquestada ruidosidad; competencias incansables sobrepuestas de sonidos ecos y mucho más. Es la vida expresando su presencia en este mundo y nada más.
Antonio José Malaver Hernández
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