Cada paso dejaba de alejarlo del lugar hacia donde intentaba presurosamente llegar; por fin, la distancia ya no existía, su cometido estaba completo; entonces dejó de pensar para actuar y actuaba, casi sin dejar de sentir, por que en todo momento el sentimiento lo abrumaba con oleadas de sensaciones, impresiones, cosas que lo mantenían sintiendo que algo sentía; al poco rato la música babosa, densa lo envolvió por entero y entonces lentamente como un viscoso fluido fue entrando por sus fosas auditivas; toda la esencia melódica se le subió hasta la cabeza, y en su interior el cerebro dejó que todo eso se sumiera al proceso de sentir, conformando así un dúo maravilloso de música y sentimiento.
Todo esto le fue provocando una descarga de adrenalina de la más alta calidad y pureza, inmediatamente el músculo bombeador, que él llama “mi corazón” aceleró su marcha, y los minutos se hacían pequeños frente a la cantidad de latidos emitidos, luego empezó a derramarse todo, en gotas acumulables de salobre sabor, las cuales brotaban de todos sus poros henchidos por la situación; parecía una nube descargando sus prístinas gotas tormentosas.
Después de unos cientos de segundos, su integridad corporal junto a sus procesos internos comenzó de nuevo a lograr un equilibrio, volvió a concentrarse en su labor, el ritmo de los sentimientos fluían dentro de sí más pausados, menos alterados, dando paso a una claridad de espíritu, mente y visión que trataba de mantener por el resto de la jornada.
Después de unos cientos de segundos, su integridad corporal junto a sus procesos internos comenzó de nuevo a lograr un equilibrio, volvió a concentrarse en su labor otra vez, el ritmo de los sentimientos fluían dentro de sí más pausados, menos alterados.
Al cabo de un impreciso intervalo de tiempo, una luz azul, intensa, fría y fuerte le salía por las ideas que fabricaba en su mente ocupada; todas y cada una de esas ideas se movían a una velocidad de crucero supersónica, unas grandes e irreverentes no soportaban la matriz que las había creado, por lo cual optaban por salir sin dejar rastros precisos en la mente, otras más pequeñas y humildes, estaban cargadas de mucha sabiduría, de muchos conocimientos, además de una gama de azules diferentes.
Todas estas ideas se sumaban a los sentimientos que sentía y seguía sintiendo, era pues, un sentidor empedernido, por eso las ideas se tornaban de colores cuando empezaban a emanar, como en ese instante intervalo, hoy le tocó a las ideas azules, grandes y pequeñas.
El lugar donde estaba y lo que hacia se conjugaban en perfecta simetría, pues todas sus acciones respondían al espacio circundante en una sincronización perfecta, casi mecánica.
Muy cerca del fin de su jornada, ya ocupado, concentrado y ensimismado en su tarea, comenzó a poner los puntos finales, puntos y apartes, para dejar a los puntos seguidos más alejados, menos seguidos.
Comenzó a moverse con la intención, el deseo de finiquitar; ya los segundos se desplazaban en el rango comedido, pautado, esperado.
Por un momento despejó toda la maraña de ideas de su cabeza, para lograr ver armada una ruta mental con la cual emprender el retorno al lugar de donde provenía; luego, no dejó nada pendiente, procedió a retomar la marcha que le trajo hasta ahí, al mismo ritmo salió para construir presurosamente distancia, alejándose hasta otro punto, otros orígenes, hacia otro destino para intentarlo otra vez
30-01-00. Maracaibo
Todo esto le fue provocando una descarga de adrenalina de la más alta calidad y pureza, inmediatamente el músculo bombeador, que él llama “mi corazón” aceleró su marcha, y los minutos se hacían pequeños frente a la cantidad de latidos emitidos, luego empezó a derramarse todo, en gotas acumulables de salobre sabor, las cuales brotaban de todos sus poros henchidos por la situación; parecía una nube descargando sus prístinas gotas tormentosas.
Después de unos cientos de segundos, su integridad corporal junto a sus procesos internos comenzó de nuevo a lograr un equilibrio, volvió a concentrarse en su labor, el ritmo de los sentimientos fluían dentro de sí más pausados, menos alterados, dando paso a una claridad de espíritu, mente y visión que trataba de mantener por el resto de la jornada.
Después de unos cientos de segundos, su integridad corporal junto a sus procesos internos comenzó de nuevo a lograr un equilibrio, volvió a concentrarse en su labor otra vez, el ritmo de los sentimientos fluían dentro de sí más pausados, menos alterados.
Al cabo de un impreciso intervalo de tiempo, una luz azul, intensa, fría y fuerte le salía por las ideas que fabricaba en su mente ocupada; todas y cada una de esas ideas se movían a una velocidad de crucero supersónica, unas grandes e irreverentes no soportaban la matriz que las había creado, por lo cual optaban por salir sin dejar rastros precisos en la mente, otras más pequeñas y humildes, estaban cargadas de mucha sabiduría, de muchos conocimientos, además de una gama de azules diferentes.
Todas estas ideas se sumaban a los sentimientos que sentía y seguía sintiendo, era pues, un sentidor empedernido, por eso las ideas se tornaban de colores cuando empezaban a emanar, como en ese instante intervalo, hoy le tocó a las ideas azules, grandes y pequeñas.
El lugar donde estaba y lo que hacia se conjugaban en perfecta simetría, pues todas sus acciones respondían al espacio circundante en una sincronización perfecta, casi mecánica.
Muy cerca del fin de su jornada, ya ocupado, concentrado y ensimismado en su tarea, comenzó a poner los puntos finales, puntos y apartes, para dejar a los puntos seguidos más alejados, menos seguidos.
Comenzó a moverse con la intención, el deseo de finiquitar; ya los segundos se desplazaban en el rango comedido, pautado, esperado.
Por un momento despejó toda la maraña de ideas de su cabeza, para lograr ver armada una ruta mental con la cual emprender el retorno al lugar de donde provenía; luego, no dejó nada pendiente, procedió a retomar la marcha que le trajo hasta ahí, al mismo ritmo salió para construir presurosamente distancia, alejándose hasta otro punto, otros orígenes, hacia otro destino para intentarlo otra vez
30-01-00. Maracaibo
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