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lunes, 25 de junio de 2012

LA MAESTRA MARILYN






Desde muy temprano decidió graduarse de madre de tres hijos que Dios le dio y esposa dedicada. Nació el día de su cumpleaños, de humilde cuna pero de un gran corazón, una de sus pasiones era la educación; pues desde chiquita jugaba a ser la maestra Marilyn, con sus amiguitas de la cuadra se ponía a dar clases de esperanzas e ilusión y a los niños traviesos les reprendía con amor. Así fue creciendo hasta llegar a ser una gran maestra de verdad, verdad.



Cuando se graduó de maestra en su época de antañón, se sintió muy contenta llena de satisfacción por el logro alcanzado, para las futuras generaciones de niños educados bajo su tutela y cuidado. Pues en esa era del siglo pasado ser maestro era casi un título nobiliario que te investía de una gran autoridad y respeto, pues se dedican a su trabajo con mucha energía y pasión.



El primer día de clases en  su estreno como maestra, albergaba en su corazón un sustico muy chiquito, por pensar cómo sería la jornada, pero una vez comenzada todo fluyó como si nada, como cuando jugaba, pero ahora era de verdad, verdad.



La maestra Marilyn tenía  los pasos cortos pero el andar un poquito apurado, para no llegar tarde a su clase de todos los días, por eso se levanta muy temprano para preparar el día y que todo le salga perfecto como siempre lo quería.



Muy temprano a la escuela se hacía presente y en el salón a sus niños trabaja muy decente, provocándoles aprendizajes de vida desde su corazón, y cuando regañaba lo hacía con ternura cargada de compresión.



Enseñaba lo que es, con su modelo de vida, más que con teoría, pues su ejemplo digno, constante y noble dejaba huella imborrable en el corazón de sus niños.



Con su voz ronquita de tanto polvo de tiza, relata historias que enamoran  a sus niños, para hacerles  entender a su modo, cómo debía ser el mundo desde el aula, crisol de sueños virtuosos, para llegar a ser seres más humanos que nos permitieran crecer, amar y prosperar. La maestra Marilyn enseña con la nobleza de su profesión, investida de virtudes que la hacen provocar valores sus niños constructores del futuro promisorio.



La maestra Marilyn recorre en esencia los pasillos y salones de la escuela, pues desde el cielo le dieron jubilación y hoy enseña amor en la escuela del cielo a los ángeles y querubines que nos cuidan con amor. Así era la maestra Marilyn.



Maracaibo 25 de mayo de 2012 Antonio Malaver Hernández

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