De verdad
que el calor de la ciudad, pareciera no normal, pues es muy particular,
caprichoso y juguetón, se la pasa todo el día hurgando en cada rincón,
metiéndose de lleno como todo un cabezón.
El calor de
Maracaibo tiene un amigo inseparable que lo acompaña todo el tiempo y ese es:
El resplandeciente Sol, quien se derrocha magnánimamente sin escusas, sin
motivos y sin razón, es muy generoso a la hora de hacerse sentir.
El calor es
un fenómeno invisible como el viento, pero que se hace sentir en todo su
esplendor cuando lo desea y en cualquier lugar, por más escondido que estés.
Es tan
entremetido que no respeta a nada ni a nadie, siempre está intentando colarse
en cualquier parte, en cualquier sitio, lugar o zona.
El calor de
acá es muy particular, pues dependiendo
del estado de ánimo, se pone intenso y empieza a desparramarse por todos los
sectores de la ciudad, envolviendo a cada sector, a cada edificio, a cada ser
vivo que se tope por su camino.
En mi
ciudad, de la cual el sol está enamorado, las típicas casas están cargadas de
colores, sobre todo primarios y secundarios, pero el sol travieso las araña sutilmente
desprendiendo los tintes para llevárselos a las nubes y pintar el cielo con
espectaculares amaneceres y atardecer de ensueño, por supuesto esto en
complicidad con el calor intenso que le facilita la labor.
Si
pretendes búrlarlo encendiendo un enfriador ambiental, él intenta meterse por
cualquier huequito, rendija o espacio para agarrarse con el frio y hacerlo
calentar.
El calor se
pone necio, impertinente, deslumbrante y pegajoso, se empeña en agobiarte sin
dejarte espacio, se te pega como un potente imán para hacerte derramar tu agua
saladita a flor de piel, para dejarte
aromatizado con un olor muy particular.
Cuando el
sol se despide, el calor se abraza a las cosas para trata de permanecer más
tiempo en ellas, intentando perpetuarse hasta el próximo amanecer, se empeña
tanto que a veces lo logra, pero en otras, el viento se pelea con él hasta
agotarlo, dejándolo frio en su sitio.
En fin, no
nos queda de otra que soportarlo, vivir con él, saber que siempre estará con
nosotros, aunque algunos meses se va de vacaciones por corto tiempo, pues no
soporta estar lejos de su ciudad enamorada, pues tiene un romance de cuentos de
hadas.
Así es el
calor de Maracaibo, mucha ausencia de frio, muchos espacios calientes, que
mortifican a la gente, pero que sazona su sentido del humor, para hacer chistes
a costillas del calor.
Maracaibo 29 de mayo de 2012 Antonio Malaver Hernández
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