Desde muy temprano
decidió graduarse de madre de tres hijos que Dios le dio y esposa dedicada.
Nació el día de su cumpleaños, de humilde cuna pero de un gran corazón, una de
sus pasiones era la educación; pues desde chiquita jugaba a ser la maestra
Marilyn, con sus amiguitas de la cuadra se ponía a dar clases de esperanzas e
ilusión y a los niños traviesos les reprendía con amor. Así fue creciendo hasta
llegar a ser una gran maestra de verdad, verdad.
Cuando se graduó de
maestra en su época de antañón, se sintió muy contenta llena de satisfacción
por el logro alcanzado, para las futuras generaciones de niños educados bajo su
tutela y cuidado. Pues en esa era del siglo pasado ser maestro era casi un
título nobiliario que te investía de una gran autoridad y respeto, pues se
dedican a su trabajo con mucha energía y pasión.
El primer día de clases
en su estreno como maestra, albergaba en
su corazón un sustico muy chiquito, por pensar cómo sería la jornada, pero una
vez comenzada todo fluyó como si nada, como cuando jugaba, pero ahora era de
verdad, verdad.
La maestra Marilyn tenía
los pasos cortos pero el andar un
poquito apurado, para no llegar tarde a su clase de todos los días, por eso se
levanta muy temprano para preparar el día y que todo le salga perfecto como
siempre lo quería.
Muy temprano a la
escuela se hacía presente y en el salón a sus niños trabaja muy decente,
provocándoles aprendizajes de vida desde su corazón, y cuando regañaba lo hacía
con ternura cargada de compresión.
Enseñaba lo que es, con
su modelo de vida, más que con teoría, pues su ejemplo digno, constante y noble
dejaba huella imborrable en el corazón de sus niños.
Con su voz ronquita de
tanto polvo de tiza, relata historias que enamoran a sus niños, para hacerles entender a su modo, cómo debía ser el mundo
desde el aula, crisol de sueños virtuosos, para llegar a ser seres más humanos
que nos permitieran crecer, amar y prosperar. La maestra Marilyn enseña con la
nobleza de su profesión, investida de virtudes que la hacen provocar valores
sus niños constructores del futuro promisorio.
La maestra Marilyn
recorre en esencia los pasillos y salones de la escuela, pues desde el cielo le
dieron jubilación y hoy enseña amor en la escuela del cielo a los ángeles y querubines
que nos cuidan con amor. Así era la maestra Marilyn.
Maracaibo 25 de mayo de 2012 Antonio Malaver Hernández
Ojalá podamos seguir este ejemplo; de verdad, verdad!
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