Alma y espíritu: las dos tienen una misma esencia energética de luz, amor universal, son fragmentos de Dios que obran en nosotros y propician la vida que ejercemos, impregnan cada molécula y átomo de nuestro ser, es la energia que mantiene andando todo lo que somos, hacemos, pensamos, deseamos y proyectamos. Ahora bien el alma es más terrena, más cotidiana, en nuestra vida; el espíritu es más sublime y nos conecta con más candidez a Dios en los momentos de oración de paz, de reflexión; ambas en conjunto forman un binomio para mantenernos fuertes y en equilibrio; con el alma nos enamoramos a primera vista; con el espíritu cultivamos y cosechamos ese amor; con el alma nos entregamos al servicio por el otro; con el espíritu sanamos y damos consuelo en el proceso. Con ambas aprendemos a ser quienes somos en este ahora, en este hoy.
Antonio Malaver Hernández
15/07/2017
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