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jueves, 21 de octubre de 2010

Educar para la Paz

Para educar fomentando la paz se debe partir desde la formación humano-religiosa del individuo, es necesario realizar una evaluación interior y revisar todos nuestros valores, es decir, que nuestro propósito existencial sea congruente con nuestras acciones; demostrar con nuestro desempeño la realidad intrínseca de nuestro verdadero ser, de lo contrario estriamos abordando un discurso sin sentido y adverso.
La paz es un proceso, un estado emocional, una actitud, un paradigma, la suma de consecuencias que nos llevan al equilibrio, desarrollan nuestra armonía contagiándosela a los demás. La paz se consigue en la individualidad del ser, pero de nada vale si no se constituye en empatía y sinergia con consenso, acuerdos, madurez e intencionalidad.
Uno de los elementos necesarios para desarrollar la paz, es estar lo suficientemente claro en nuestra misión de vida, por lo tanto, es importante el deslastrase de todo elemento negativo que nos impida madurar, evolucionar y progresar física, emocional, espiritual y mentalmente.
Educar para la paz implica desarrollar una serie de acciones conducentes al logro final de la permanencia de ese estado de paz.
Un ser centrado, abierto, lúcido, ecuánime, sensible, empático, con alteridad, comprensivo, respetuoso, paciente, tolerante, es capaz de poder desprender su esencia para contagiar con su ejemplo en acción la cultura por la paz.
Afianzar, aflorar, desarrollar, demostrar los valores del individuo de una manera consciente, intencional, auténtica y verdadera es un emprendimiento de vida que nos permite interactuar cohesionados con fines comunes, los cuales nos llevan a resplandecer en el proceso de existencialidad, haciéndola más llevadera, vivible, valedera y auténtica.
Debemos apelar, sobre todo, a nuestra inteligencia emocional para permitirnos la apertura sana, positiva; hacer una retrospectiva interior asumiendo un derrotero de esperanzas, cargado de buenas intensiones y deseos de prosperidad. Es un cambio de actitud frente al mundo, sus hechos, procesos y realidades, es estar excelente consigo mismo, con los demás y con Dios.
La paz equilibra los procesos tanto internos como los colectivos; está diseñada para ser compartida, pues es así que adquiere sentido su esencia y finalidad.
La paz se convierte en verbo cuando se desarrolla en diversidad, cuando el respeto es la norma en la sana convivencia de los seres humanos; paz es crisol de valores, pues en ella y con ella se aclaran los pensamientos, fluye la mejor energía para convertirnos en esencia divina en acción. Paz es camino de luz, salud, sentimiento redención.

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