Llegó de nuevo sin avisar, sin una señal de su venida, asumió su presencia desatándose por todas las particulas del escenarios existencial, envolvió cada espacio inter atómico, cada molécula descuidada, cada orbita de iones y protones, todo lo abarcó; su presencia se hizo majestad imperando sin ningún impedimento o estorbo que lamentar. Su aparición desnudó los otros fenómenos, los otros, aquellos que se originaban sin percatarse de su existencia, los calló, los convirtió en invisibles ausencias, para sólo estar él.
El legado se dejó sentir, con toda la intensidad posible, tanto que desde la otra dimensión, se comenzaban a escuchar los pasos y andanzas, delatando esa existencia de los de mas allá. Se escuchaban los susurros de los espíritus que conversaban sin hablar.
El grillo del silencio se hizo intenso al principio, hasta que se enmudeció con el tiempo, su origen desde el tímpano lo acalló la costumbre constante del silencio.
Se ufanaba de su esencia, invitando a genesis para ser ave fénix y renacer de sus despojos calcinados; intentar crear otros universos con sus misterios transgredir dimensiones, paradigmas e intenciones.
Se alió con la nada, el vacio y la ausencia para mantener su presencia sin ruidos, ni vocales, frases o algo mas.
Antonio José Malaver Hernández
Maracaibo. Venezuela
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