No nos educan ni nos educamos para el desprendimiento, para la renuncia a todo, para comprender que somos breves destellos de luz en el inmenso universo; que la vida es para vivirla, servir y disfrutar en los procesos; no nos enseñan que no somos eternos, que en cualquier momento trascendemos, que volver el tema un tabú no ayuda en el momento, ni en el proceso de enfrentar lo que siempre llega, somos prescindibles, hojas del árbol que en el otoño se desprenden un vuelo breve en el cielo, una brisna de paja en la pradera, no nos educamos para comprender que cargar con resentimientos, amarguras, negatividades, nos acercan más al más allá pero sin dignidad, no nos aleecionan para aprender que no existe un sistema de investigación que pueda explicar o dar luces a este trayecto existencial, solo nos acercamos a los constructos a medio andar, nuestra alma se empaña con los placeres que conducen a vicios y figuras geométricas que nos impiden seguir, nuestra complejidad existencial nos cerca en parajes paradigmáticos que se complican per se y por nosotros mismos, al empeñarnos en complicar los sencillo y humilde de existir, no nos aplicamos a aprender de la esencia de las cosas sino de las aparecía superficiales de las mismas, a reaprender de la experiencia para saber estar en el camino que nos trazamos con o sin destino, no, nos enseñan a amar en libertad, entrega y desprendimiento para poder comprender saber descubrir entender que hacemos aqui.
Antonio Malaver Hernández
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