Qué triste es cuando nos dejamos
envolver por una sola versión de los hechos, y no somos capaces en ese momento
de apelar a la cordura, la sensatez, la lógica, la perspectiva inteligente de
podernos situar en el otero de la justicia para sopesar las cosas que en
realidad pasan o pasaron.
Pero como siempre digo “arriba hay un
Dios” todo amoroso, poderoso y magnánimo, que nos hace caer en cuenta y tarde o
temprano nos dejará ver con una visión demasiado clara lo que es en realidad, y
el porqué pasan las cosas, es un
aprendizaje constante, demasiado significativo, a veces doloroso e impactante,
pero aprendizaje al fin.
Ese aprendizaje, ese bagaje de
conocimientos que se ordenan en nuestro fuero intelectual, emocional y
perseguir un fin noble, álgido en valores, en acciones positivas de
construcción espiritual deben ser de, por y para la vida armónica, saludable y
cargada de paz.
Siempre nos encontraremos con dos o
más partes que esgrimen su realidad, su versión de los hechos, (es más hasta
con nuestra conciencia entramos en conflicto por esto) cada una expone sus
argumentos, pero no muchas veces con la intención de conciliar o acordar un
ganar, ganar, es allí donde debemos apelar a nuestro sentido común, habilidades
persuasivas y conciliatorias para nivelar las perspectivas o situaciones
logrando un equilibrio para todos los involucrados.
Un elemento de esencial importancia
es el saber escuchar, dejar que todo lo que tiene que decir la otra parte se
manifieste, pero libre de prejuicios que puedan sesgar el proceso, además,
escucharnos a nosotros mismos, en un estado de armonía, de equilibrio para
poder encontrar el punto de coincidencia y de allí partir a los acuerdos. Hoy
en día pareciera que el mayor ruido en el proceso de comunicación parte desde
el interior del emisor, que no se escucha a si mismo, y por ende no puede
escuchar al otro con la claridad, calidad, pertinencia, equidad y justicia.
Por eso es tan fácil entrar en
conflicto, en vez de conciliación, nos hemos convertido en discapacitados de la
conciliación, nos erigimos en un otero solitario y aislado creyentes de poseer
la verdad absoluta (craso error), pecamos de falta de humildad y por tanto de
una visión justa para escuchar con el corazón, el alma, la mente y la alteridad
necesaria.
Otro aspecto, no menos impórtateme,
al momento de abordar una discrepancia o visión distinta de un tema, asunto o
suceso, es necesario asumir una actitud interna de equilibrio que se pueda
reflejar en el exterior, para así, lograr llegar en el menor tiempo posible a
los acuerdos y conciliaciones necesarias para armonizar el ambiente, las
relaciones, lo sucedido que llevó a la situación álgida.
Volviendo al inicio, muchas veces nos
embarga un sentimiento de impotencia, rabia o frustración, cuando escuchamos un
argumento condenatorio, acusador, es decir, cuando leemos entre líneas que la
intención o predisposición de la otra parte ya está tomada, abordando la
conversación como si fuéramos reo culpables de lo sucedido, sin antes realizar
el preámbulo, la averiguación o indagación del otro punto de vista para poder
hacer entonces la triangulación de las versiones y poder indicar el dialogo
conciliador.
Factores claves: relajación,
respiración, descarga de tensiones, centrado en pensamientos positivos, actitud
corporal y emocional neutra, mirada serena, palabras calmadas, verbo en tiempo
de amor, canal de comunicación abierto en ambos sentidos y dimensiones, escucha
activa desde el corazón, pensamiento dirigido a encontrar lo más breve posible
un planteamiento de acurdo de resolución del conflicto.
27-07-2012 Antonio José Malaver
Hernández
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