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martes, 31 de julio de 2012

LA CEGUEDAD TEMPORAL DE LA JUSTICIA



Qué triste es cuando nos dejamos envolver por una sola versión de los hechos, y no somos capaces en ese momento de apelar a la cordura, la sensatez, la lógica, la perspectiva inteligente de podernos situar en el otero de la justicia para sopesar las cosas que en realidad  pasan o pasaron.

Pero como siempre digo “arriba hay un Dios” todo amoroso, poderoso y magnánimo, que nos hace caer en cuenta y tarde o temprano nos dejará ver con una visión demasiado clara lo que es en realidad, y el porqué pasan las cosas,  es un aprendizaje constante, demasiado significativo, a veces doloroso e impactante, pero aprendizaje al fin.

Ese aprendizaje, ese bagaje de conocimientos que se ordenan en nuestro fuero intelectual, emocional y perseguir un fin noble, álgido en valores, en acciones positivas de construcción espiritual deben ser de, por y para la vida armónica, saludable y cargada de paz.

Siempre nos encontraremos con dos o más partes que esgrimen su realidad, su versión de los hechos, (es más hasta con nuestra conciencia entramos en conflicto por esto) cada una expone sus argumentos, pero no muchas veces con la intención de conciliar o acordar un ganar, ganar, es allí donde debemos apelar a nuestro sentido común, habilidades persuasivas y conciliatorias para nivelar las perspectivas o situaciones logrando un equilibrio para todos los involucrados.

Un elemento de esencial importancia es el saber escuchar, dejar que todo lo que tiene que decir la otra parte se manifieste, pero libre de prejuicios que puedan sesgar el proceso, además, escucharnos a nosotros mismos, en un estado de armonía, de equilibrio para poder encontrar el punto de coincidencia y de allí partir a los acuerdos. Hoy en día pareciera que el mayor ruido en el proceso de comunicación parte desde el interior del emisor, que no se escucha a si mismo, y por ende no puede escuchar al otro con la claridad, calidad, pertinencia, equidad y justicia.

Por eso es tan fácil entrar en conflicto, en vez de conciliación, nos hemos convertido en discapacitados de la conciliación, nos erigimos en un otero solitario y aislado creyentes de poseer la verdad absoluta (craso error), pecamos de falta de humildad y por tanto de una visión justa para escuchar con el corazón, el alma, la mente y la alteridad necesaria.

Otro aspecto, no menos impórtateme, al momento de abordar una discrepancia o visión distinta de un tema, asunto o suceso, es necesario asumir una actitud interna de equilibrio que se pueda reflejar en el exterior, para así, lograr llegar en el menor tiempo posible a los acuerdos y conciliaciones necesarias para armonizar el ambiente, las relaciones, lo sucedido que llevó a la situación álgida.

Volviendo al inicio, muchas veces nos embarga un sentimiento de impotencia, rabia o frustración, cuando escuchamos un argumento condenatorio, acusador, es decir, cuando leemos entre líneas que la intención o predisposición de la otra parte ya está tomada, abordando la conversación como si fuéramos reo culpables de lo sucedido, sin antes realizar el preámbulo, la averiguación o indagación del otro punto de vista para poder hacer entonces la triangulación de las versiones y poder indicar el dialogo conciliador.

Factores claves: relajación, respiración, descarga de tensiones, centrado en pensamientos positivos, actitud corporal y emocional neutra, mirada serena, palabras calmadas, verbo en tiempo de amor, canal de comunicación abierto en ambos sentidos y dimensiones, escucha activa desde el corazón, pensamiento dirigido a encontrar lo más breve posible un planteamiento de acurdo de resolución del conflicto.



27-07-2012 Antonio José Malaver Hernández


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