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miércoles, 25 de abril de 2012

VOLCÁN EN CIERNES RELATORÍA N° 1

18-04-2012 El día se despertó luminoso, cargado de muchas energías, al llegar a la oficina se notó un ausentismo del personal encargado de hermosear las diferentes dependencias de la Secretaría de Educación. En fin, como en toda cotidianidad estampé hora y rubrica en la respectiva carpeta, para luego degustar de mi cotidiano elixir caliente elaborado con el fruto procesado del cafeto. Como a un cuarto de mañana llegaron las representantes de la cadena capriles para conversar y adelantar acuerdos del programa Rafael María Baralt. Al mismo tiempo un conglomerado de personas se iban reuniendo en el recibidor de la Secretaría Educación buscando recibos, constancias, solicitudes entre otros trámites administrativos y legales, todos en un murmullo de voces indescifrables. En el salón Sol Sosa se gestaba el Taller La Verdad Educa en su quinta edición, con los docentes foráneos. Todo transcurría con normalidad aparente, hasta que a una hora imprecisa se presentó en el escenario laboral un ser precargado de acciones inesperadas. Este ser, cuya identidad no descubro, pues no la sé, aparentemente llegó a los aposentos de la Secretaría de Educación, citada para comparecer ante la Oficina de Recursos Humanos y de ahí a la de Dirección de Consultoría Jurídica, en donde se desarrolló el dramático suceso. El personaje al ser confrontado junto con su expediente abierto en proceso legal instruido por instancias superiores, reaccionó de manera, por demás, violenta, agresiva y teatral. Primero abruptamente se apoderó de la carpeta donde reposaban tranquilamente sus documentos, que la comprometían en la situación “irregular”, ocultándola y secuestrándola en su cartera. De inmediato la persona con la cual se estaba entrevistando le recriminó la acción y el ser gritó, pataleo, empujó, manoteo y lanzó arañazos que alcanzaron a la humanidad de la entrevistadora, enseguida se llamaron a otras profesionales del derecho y de de la educación para tratar de controlar a semejante ser. Entró en un estado se posesión salvaje, cual fierecilla indomable; mientras en el pasillo frente a la oficina de Consultoría Juridica se iban acumulando los consabidos curiosos y averiguadores de oficio. De pronto, entra en escena el pseudo siquiatra diciendo: déjenmela que yo la analizó para hacerla entrar en razón lógica, pues no, no reaccionó. Luego, el gurú de las energías positivas intentó equilibrarla y nada pasó. Mientras tanto, las otras personas que estaban en la oficina tratando de calmar y dialogar con el ser, recibían trozos de agresión también. Por último, cuando me asomé al pasillo observé un séquito de oficiales de la fuerza del orden público que se dirigían a la oficina de Consultaría Jurídica, para tratar de controlar la situación. Como debía apoyar el desarrollo del Taller La Verdad Educa, me desconecté de la situación, que gracias a Dios ya para el medio día se había resuelto y todo volvió a la cotidianidad calmada de ese día. Ahora bien, independientemente de las razones, causales, motivos o detonantes que llevaron al ser a comportarse así, es de hacer notar, que nadie está exento o inmune a experimentar reacciones tan inesperadas como la descrita. Por otro lado, este prójimo se dice que es docente, maestro, educador, e inmediatamente se piensa en los estudiantes atendidos por esta persona, causa mucha inquietud ¿Verdad? Esta situación nos llama a la reflexión oportuna para recapacitar en los procesos de formación docente, en las formas de tratar o relacionarse con los otros y nosotros mismos, entre otros aspectos que nos mueven a pensar en el rumbo del país de su pueblo. Pues, con docentes así, cual sería nuestro futuro… Esta situación tiene mucho que ver con el verdadero perfil del docente, pues éste nos describe cuales son las competencias que debe poseer un verdadero maestro; tal y como lo expresan Izarra, López y Prince (1997) cuando definen una de las características del perfil docente, relacionada con la ética del mismo, es decir, el docente debe adoptar normas de conducta dentro del ambiente social para demostrar una buena conducta dentro de la escala de valores aceptada por la sociedad. Entonces finalizo la reflexión con las siguientes interrogantes ¿En qué estamos fallando?, ¿Qué nos impulsa a reaccionar como el personaje antes descrito? ¿De qué forma podemos desarrollar una conducta más ética? ¿Se están aplicando políticas efectivas y pertinentes para seleccionar el personal docente de nuestras escuelas?... “Necesitamos educadores que entiendan la enseñanza como una actividad práctica y ética, cuyo fin sea la formación de ciudadanos responsables como seres biológicos y culturales constructores del futuro. Lo importante no son, las interacciones entre los integrantes de la comunidad escolar, el significado de la escuela para los alumnos y sus representantes, la pertinencia de los contenidos para comprender la vida que llevamos y sus posibilidades de cambio. El aprendizaje no es sólo razonamiento sino mucho sentimiento, es parte del “emocionar” como diría Maturana (1999), de allí que la tarea del Maestro será “crear para el niño un espacio racional en el que puedan expandir sus capacidades para la acción y la reflexión”. Izarra, López y Prince (1997)