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miércoles, 27 de abril de 2011

DISCAPACIDAD EMOCIONAL

A veces padecemos de retardo mental emocional o experimentamos una discapacidad emocional que nos impide seguir en armonía con el entorno, los seres y el universo.

Podemos desarrollar nuestras potencialidades intelectuales, saber o conocer de temas “interesantes”, atractivos o significativos, hacer alarde de nuestras supuesta superioridad intelectual en el ámbito de las diferentes inteligencias (lingüística, lógico-matemática,, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal, o naturista); hacer gala de nuestras habilidades y destrezas en una o varias áreas del conocimiento; pero si no tenemos, una maduración del aspecto emocional, no sabremos manejar los sentimientos de una manera productiva , sana, equilibrada e inteligente, y de nada nos servirán las múltiples inteligencias que logremos desarrollar en la vida.
Un aspecto clave para manejar de manera apropiada los sentimientos, es el desarrollar la paciencia, la alteridad, la empatía, el perdón, la comprensión de las situaciones, la voluntad para emprender lo correcto, entre otros valores, además de saber tomar las decisiones pertinentes en ellas.
Es típico en la discapacidad emocional rodearse de círculos viciosos, enfermizos que no nos conducen a nada (la piedra del camino), por lo general somos seres rutinarios en su gran mayoría. Buscamos la eficiencia en todas las actividades para optimizar y administrar mejor el tiempo, los recursos y oportunidades, para lo cual utilizamos la inteligencia desarrollando estrategias creativas conducentes a nuestro objetivo.
Hablamos, actuamos y discurrimos mostrando una imagen para el mundo; por otro lado, nos callamos en reflexión para encontrarnos en la autenticidad de quienes somos en realidad; siempre habrá esa dualidad obligados por los valores, normas sociales y la conciencia interior.
Presumimos de ser crisol generador de conocimientos, soluciones y aportes, pero en lo emocional nos estancamos, no hay avance en el vaso medio lleno nos ahogamos en nimiedades. Magnificar situaciones que vistas desde otros ángulos no lo merecen, esto es parte del hundimiento emocional, es la entrada al círculo anti virtuoso, es la misma piedra para tropezar, para así, repetirnos en la discapacidad emocional que hemos construido cargado de una energía agotadora y sin sentido constructivista positivo.
Deberíamos intentar desarrollar un aprendizaje permanente y evolucionador en cuanto a este aspecto de la inteligencia emocional, que se arraigue en la mente, el alma y el corazón; deslastrar la discapacidad con la práctica, el ejercicio simple y sencillo de reconocerse día a día como un ser humano susceptible a todas las oportunidades acertadas o no, que sepamos reconocer el camino que nos conduce a la sabiduría, para así construirnos más auténticos, más humanos, mucho más cercanos a Dios.

Antonio Malaver Hernández